jueves, 15 de julio de 2010
Cartas para Tomás
Fragmentos "Cartas para Tomás"
Malucha Pinto.
En medio del supermercado repleto de gente, te había dejado sentado en tu silla. Me había alejado algunos pasos. Desde la distancia te vi.
Tu cabeza colgaba impúdicamente. Un hilo de baba se asomaba en tu boca. La gente te miraba de reojo, de frente, con lástima. Mi primer impulso fue correr hasta ti. Componer el descalabro. Acortar la diferencia entre el mundo y tú. Que no te notaras. Respiré hondo y establecí nexo con mis profundidades.
Desde ahí volví a mirarte. Tú eras un gesto poético.
¡Con qué coraje te exponías y afirmabas ante todos tu naturaleza! A mí me cuelga la cabeza, miro de reojo, se me enroscan los brazos, se me cae la saliva. Me atrevo a que todos ustedes me vean tal cual soy. No me oculto.
En medio de la gente eras una bomba de tiempo que echaba por tierra nuestros afanes, nuestra compuerta alegría, los colores de nuestras ropas combinados exactamente como las combinas el que camina al lado.
Echabas por tierra nuestros peinados inmaculados, nuestro paso uniformado. Ponías en evidencia nuestra desesperación por ocultar nuestras diferencias.
Tu cabeza que cuelga existe en cada unos de nosotros. En medio de todos eras un espejo feroz de nuestra precariedad escondida. Ahí estabas para recordamos que no somos dioses. Para recordarnos y mostrarnos, en un acto de dignidad nunca vista, tu humanidad sin afeites, sin disfraces.
Amado, eres toda valentía. Un héroe de la batalla más dura. La batalla del guerrero por ser él mismo.
A estas alturas, ramita de toronjil, ya no eres un hijo enfermo. Eres un hijo así como eres y no te cambiaría por otro, aunque a ratos me pase, aunque a ratos me duela, aunque no haya día en que no desee verte de pie hablándome de perros, gatos y conejos. Es más, si los dioses descendieran de los cielos y me ofrecieran que tú caminaras como todos, hablaras como todos, pensaras como todos, pero tu alma fuera otra, otra tu ternura, que fueras otro, diferente al que eres, yo daría las gracias y te juro, amor mío, me quedaría contigo así, patuleco, gorjeador, lleno de encanto. Sí, sin duda me quedaría contigo así, tal cual eres… ¡porque te amo!
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